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Existe evidencia científica de que el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención-hiperactividad (TDAH) se relacionan o complementan entre sí de varias formas. Aquí te explicamos la manera en que el TDAH y autismo parecen similares.

Aunque el TDAH no está incluido dentro de la clasificación del espectro autista, sus síntomas son muy similares, y hay una tendencia a que si se padece una de estas condiciones, hay altas probabilidades de riesgo de sufrir la otra. 

En la cuarta edición del “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” se hizo mención a que una persona no podía tener ambas condiciones. Sin embargo, a partir de su quinta edición publicada en 2013, se sostiene que una persona puede tener los dos tipos de trastornos.

TDAH y autismo en joven

TEA vs. TDAH

Los criterios para el diagnóstico de TEA y TDAH se basan en síntomas conductuales. Las personas con TEA presentan alteraciones en las relaciones sociales y la comunicación, además de patrones de conductas repetitivas, estereotipadas, obsesivas, restringidas y limitadas; en tanto el TDAH conlleva a la falta de atención, impulsividad e hiperactividad.

De acuerdo con el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” de la Asociación de Psiquiatría Estadounidense, el trastorno por déficit de atención-hiperactividad es:

Un trastorno mental crónico caracterizado por patrones persistentes de falta de atención, impulsividad, y exceso de actividad motora. Los síntomas deben estar presentes en dos o más ambientes (p. ej., casa, colegio, actividades comunitarias), tener una edad de aparición menor a los 7 años, y causar deterioro en el funcionamiento del individuo”. 

Las personas diagnosticadas con TEA pueden manifestar conductas que incluyen impulsividad, agresión e hiperactividad, además de los comportamientos típicos de la condición: alteraciones en la comunicación, dificultades en la interacción social y patrón repetitivo de conductas. 

Esto significa que, en muchos casos, las personas con TEA presentan síntomas de las personas con diagnóstico de TDAH, y viceversa. Por tal razón, resulta complejo separarlos o excluirlos uno del otro. 

De modo que los investigadores se han encargado de diagnosticar ambas condiciones en situaciones en las que las personas con autismo presentan suficientes síntomas para adicionar el diagnóstico de TDAH. 

Nuevos hallazgos 

Los científicos han llegado a la conclusión de que si se eliminan los criterios de exclusión o separación, se podría llevar a cabo un mejor manejo y tratamiento de las personas con TEA, con gran variedad de opciones terapéuticas para grupos heterogéneos y complejos.

Ya no quedarían por fuera aquellos grupos de personas con TEA que, a su vez, presentan los síntomas del TDAH, y que se puedan identificar en los individuos con ambos trastornos.

Por este motivo, es necesario que los padres se fijen en el desarrollo funcional de sus hijos (lenguaje, habilidades motrices, relaciones sociales, atención, comportamiento, estados emocionales, destrezas académicas, habilidades sociales), y acudan a los especialistas para una evaluación médica de manera oportuna. 

Al ser analizadas cada una de las áreas de desarrollo, se podrá conseguir un panorama médico exhaustivo para prestar la ayuda adecuada a sus hijos. 

Los estudios apuntan a que el autismo y el TDAH también tienen una connotación genética. Una persona con autismo tiene probabilidades de tener un familiar con TDAH, entre otros trastornos del desarrollo.

Como el TEA y el TDAH pueden manifestar síntomas semejantes, los tratamientos e intervenciones pueden ajustarse tanto a uno como al otro. No obstante, hay que aclarar que las terapias difieren, dada la complejidad de ambos trastornos. 

TDAH y autismo

En el autismo, la terapia se basa en el análisis conductual aplicado, con el objetivo de tratar los problemas del lenguaje y la comunicación, y también para reducir las conductas repetitivas. 

Mientras, en el TDAH las terapias se enfocan en tratar los déficits de atención y el sentido de organización. Hay casos en que se administran medicamentos específicos para esta condición. 

Para concluir, la realidad es que, a veces, resulta difícil diferenciar entre una y otra condición, y la mejor manera de abordarlas es conocer y comprender  todas las formas en que dichos trastornos se relacionan o se complementan entre sí. 

Malbin